lunes, 18 de abril de 2011

La Repetición del Nombre Divino


Diversas corrientes espirituales, en diferentes países y épocas, han resaltado la utilidad, para el desenvolvimiento espiritual, de la repetición vocal o mental de una palabra sagrada, o de alguno de los diversos nombres que el ser humano ha utilizado para referirse a lo Divino.


Los hindúes practican los mantras, y el yapam (o japam) es la repetición de un nombre de lo Divino.

En la tradición Budista se practica la repetición de fórmulas sagradas como: Om manipadme hum ("Om, joya en el loto del corazón");

En el Judaismo también se recitan frases como: Barukh Atah Adonai ("Bendito eres Tú, oh Señor"); Adonai, Adonai, El Rahum ve Hannun ("Señor, Señor, misericordioso y compasivo")

Los sufíes, como una forma de recordar a Dios (Allah), practican el Dhikr o Zikr ("invocación"), acto caracterizado por la repetición del nombre de Dios. El sufismo hace de la invocación del nombre Divino, Dhikr, un instrumento fundamental de su método.

“Que el devoto se siente a solas … y no cese de repetir continuamente “Alá, Alá”, centrando sus pensamientos en ello”. dice Al-Ghazali . 

En el Padre nuestro, oración cristiana dada a conocer por Jesús de Nazaret, según relatan los Evangelios, la primera petición es “Santificado sea tu Nombre”.

La palabra hesiquia proviene del griego y significa paz, tranquilidad. Los hesicastas aspiraban a una unión perfecta con Dios mediante la oración, fijando la mirada interior en el “lugar del corazón”, dentro de un profundo silencio interior. 

Su forma preferida era la oración de Jesús, en donde, con variantes, como por ejemplo: “Jesús, ten piedad de mi”, siempre estaba presente el nombre de Jesús, como eje central de esa oración continuamente repetida.

Esta tradición espiritual tuvo sus principales focos de actividad en los monasterios del Sinaí, y en el Monte Athos.




Monje del Monte Athos


La repetición continua del nombre de Jesús es una forma de oración utilizada desde hace mucho tiempo por los griegos cristianos y por ortodoxos rusos, y muchos han hecho de ella su oración fundamental y el sostén de su vida espiritual. Un ejemplo de esto aparece en el libro “Relatos de un peregrino ruso”.

El peregrino es un hombre afectado por diversas desgracias: tenía el brazo derecho inutilizado y,

habiendo sufrido la muerte de su esposa e hijo, decide peregrinar a diversos lugares sagrados. Sus únicos bienes son una alforja con pan duro y la Biblia.

Un domingo entró en una Iglesia y estaban leyendo una epístola de San Pablo que exhorta a “Orar sin cesar”. Estas palabras lo impactaron profundamente y se preguntó ¿cómo es posible orar sin cesar ?, siendo que tenemos tantas ocupaciones y distracciones.

Buscó a alguien que le enseñara a orar continuamente, hasta que finalmente encuentra un monje con experiencia (starets), quien le enseña a repetir constantemente la oración de Jesús.

Leemos en el Peregrino ruso: “el starets me dijo las siguientes palabras: la oración de Jesús, interior y constante, es la invocación continua del nombre de Jesús, con los labios, el corazón y la inteligencia, en el sentimiento de su presencia, en todo lugar y en todo tiempo, aun durante el sueño… se expresa por estas palabras: ¡Jesucristo, ten piedad de mí”.

El Peregrino la repite con perseverancia, hasta que se encuentra repitiéndola continuamente, en sus diversas actividades, y la oración “se introduce en su corazón”.

En el Prologo de la edición de “Relatos de um peregrino” (Relatos de un peregrino ruso), publicada en Brasil por ECE Editora, leemos unos párrafos iluminadores, que transcribimos a continuación (página12):

“… hay una presencia eterna en el hombre, una vocación divina, y eso en sí, es como un estado latente de oración interior”.

“Las tentativas conscientes para actualizar en sí esa presencia divina son también oración, constituyen ejercicios de oración. Ellas producen un efecto directo en el alma. Son impactos sucesivos que la van transformando continuamente, desechando las capas de inconsciencia que turban la parte divina que hay en cada ser”.

“Mas al mismo tiempo, quisiéramos invitar al lector a descubrir, no solo en el peregrino, sino también en las almas, un modo particular de ser que puede llamarse estado de oración. Es un acto simple, independiente del tiempo y de la acción, que fija al ser, estáticamente, en un punto interior, como centro fijo de su existencia. Este estado es la ofrenda permanente del alma a través de la Renuncia”.

“Por eso la vida interior espiritual no se alcanza sólo con la oración como ascética, sino con la oración como estado, permanente”.

“Esto es lo que el peregrino buscaba: el estado permanente de oración, cuando procuraba incansablemente la oración continua. Y así, conseguir vivir en permanente ofrenda de sí mismo y penetrar los misterios divinos, para entregarlos en forma pura y simple, y siempre actual, a todos los hombres”.

En el libro “Invocación del nombre de Jesus” leemos: “No pensemos que por haber transcurrido cierto tiempo con la invocación del Nombre sin “gustar” nada, se haya utilizado mal el tiempo y el esfuerzo haya sido poco fructífero, sino que por el contrario, esta oración, en apariencia estéril, puede ser mas agradable a Dios que los momentos de rapto, si está libre de cualquier búsqueda egoísta de gozo espiritual; esa es la oración pura, la desnuda voluntad… la vigilia tranquila en el Nombre no puede dejar de producir bendición y fuerza”.





Para el sufismo, el dhikr, la repetición del Nombre Divino, como oración continua, es como una corriente arrolladora que, además de eliminar los atributos negativos, pule e ilumina el corazón del discípulo. Es decir, que purifica su mente y su corazón, desligándolo de la actitud egocéntrica, egoísta, y así, lo hace apto para percibir y sintonizar con la corriente divina que siempre estuvo allí, en su interior.

Para Anthony de Mello, el Nombre Divino es un “sacramental”, por el “poder contenido” en dicho Nombre. Para él, el Nombre no se limita a referirse a Dios, sino que lleva consigo “el poder, la gracia y la presencia de Dios”.

El maestro hindú Ramakrishna decía: “Dios y su Nombre son uno” y enseñaba a sus discípulos a practicar el yapam, la repetición del Nombre de lo Divino.

El repetía con frecuencia el nombre de “Kali”, la Divina Madre del Universo, a quien adoraba continuamente, y era para él la manifestación de lo Absoluto, de lo Eterno; era lo Divino en su” aspecto de cercanía”, lo Inmanente, “la Conciencia que todo lo penetra”.

Para Ramakrishna una firme y sincera determinación de repetir el Nombre Divino regularmente es muy importante. De esta manera se vuelve un “yoga”, una manera de unirse con la Realidad última, en el propio interior del practicante, sin importar la actividad que se esté realizando, ni las situaciones externas. La mente, cuerpo y habla del practicante se llenan con la idea de la práctica de la repetición del Nombre Divino, así entonces, se manifestará la espiritualidad latente.

Ramakrishna decía que al ser humano actual le es muy difícil tratar de concentrarse directamente en lo Divino en su aspecto Trascendente (como buscaban hacerlo los antiguos Rishis, maestros que vivían en montañas apartadas, como el Himalaya), y por esto, consideraba que la repetición frecuente del Nombre de la Divina Madre era una práctica accesible y segura, que podía conducir al practicante a desapegarse de lo mundano y fijarlo interiormente en lo Divino.

En relación con el poder contenido en el Nombre Divino, la corriente del sufismo considera que el Nombre Divino implica una Divina Presencia, que se hace operativa en la medida en que el Nombre se convierte en un “centro de atención” en la mente del que Lo invoca.

De acuerdo a este enfoque, el hombre no puede concentrarse directamente en el Infinito, pero concentrándose en el símbolo del Infinito, alcanza al Infinito mismo. Cuando la mente se identifica con el Nombre, hasta el punto en que cada proyección mental es absorbida por la forma del Nombre, la Esencia Divina del Nombre se manifiesta espontáneamente, ya que esta forma sagrada no conduce a nada fuera de sí misma; no tiene ninguna relación positiva, excepto con su Esencia, y finalmente, sus límites son disueltos en esa Esencia. Así, la unión con el Nombre Divino se convierte en unión con Dios mismo.





Rumi. Místico sufí.


Etapas en la oración continua


Autores de diversas corrientes (cristiana, hindú y sufí) coinciden en señalar 3 etapas en la oración continua, dentro de un proceso de interiorización y creciente fijación interior:


1. Oración de los labios


2. Oración mental (repetición mental automática)


3. Oración del corazón (subconsciente).

Una forma de comenzar puede ser dedicando todos los días un tiempo regular y preestablecido a la invocación del Nombre Divino elegido, hasta que se vaya haciendo un hábito.

Al comienzo la repetición del Nombre Divino puede ser una oración vocal (en voz audible o formada silenciosamente por los labios y la lengua). Con el tiempo la oración se hace mas interior y el intelecto repite el Nombre, sin ningún movimiento exterior de los labios.

A medida que aumenta la interiorización, la atención en la oración se hace más continua.

La oración adquiere poco a poco su ritmo propio, comienza a repetirse espontáneamente, hasta que finalmente, la oración “entra en el corazón”, como si su ritmo se identificara con los latidos del corazón. Así, la práctica de la oración, en forma continuada, puede conducir al estado de oración.

“Al cabo de cierto tiempo noté que la oración se originaba sola dentro de mi corazón,

es decir que mi corazón, latiendo con toda regularidad, se ponía en cierto modo a recitar

las palabras santas a cada latido …. Dejaba de mover los labios y escuchaba con atención lo que decía mi corazón”. Peregrino ruso.

Al comentar la práctica del dhirk (práctica del recuerdo de Dios) de los sufíes, Al-Ghazali recomienda: “Que el devoto se siente a solas … y no cese de repetir continuamente “Alá, Alá”, centrando sus pensamientos en ello . Que continúe hasta que … descubra que su corazón persevera… Si sigue el camino señalado … la luz de lo Real brillará desde su corazón”. (Herbert Benson, 1977, p. 110).

Esta etapa, descubrir el “lugar o morada del corazón», constituye el fundamento del hesicasmo, de la mística de los sufies y de aquellas corrientes espirituales que se orientan hacia una “mística del corazón”.

La fijación interior, en esta “morada del corazón”, punto de encuentro entre lo humano y lo Divino, corresponde a la práctica de la Presencia Divina. Ya aquí el intelecto y el corazón están unidos, y orientados hacia aquello que siempre ha sido el anhelo de todos los que recorren el camino místico: la unión con lo Divino.





“Recuerda esto, oh mente mía. Nadie es propiamente tuyo.


Vano es tu vagar por el mundo.

Atrapada en la sutil velada de maya como estás,

no olvides el nombre de la Madre …”

Evangelio de Ramakrishna



“Tomando el nombre de la Divina Madre,

sumérgete hondo, oh mente,

en las profundidades insondables del corazón”.

    Evangelio de Ramakrishna




Bibliografía:

Relatos de um peregrino. 1978.Sao Paulo: ECE Editora.
El Sermon del Monte según la Vedanta. Swami Prabhavananda (2003), Buenos Aires: Edit. Kier.
La oración del corazón. Olivier Clement (1981). Buenos Aires: Lumen.
Arte de la oración. Chariton de Valamo. (1979). Buenos Aires: Lumen
Invocación del nombre de Jesús. (Un monje de la Iglesia de Oriente) (2009). Buenos Aires: Edit. Claretiana.
Contacto con Dios. Anthony de Mello (1991). Bilbao: Edit. Sal Terrae.
Sadhana, un camino de oración. Anthony de Mello (1992). Bilbao: Edit. Sal Terrae.
Respuesta de relajación. Herbert Benson (1977). Barcelona: Edit. Pomaire.
El evangelio de Ramakhisna. Mahendranath Gupta. (1979). Buenos Aires: Edit. Kier.

domingo, 13 de marzo de 2011

La actitud devocional en la meditación y la oración


Traducción resumida del tema correspondiente, del libro: “Méditation créatrice et conscience multidimensionnelle” (Meditación creadora y consciencia multidireccional) de Lama Anagarika Govinda. (Edit. Albin Michel, Paris, 1979, p. 167-178).

(Colaboración de César Anselmi).

Toda religión reconoce un valor supremo. Las religiones teístas lo llaman Dios, las religiones no teístas lo llaman Tao, Nirvana, perfecta Iluminación.
Dentro de las religiones teístas se ha definido la oración como una comunión con Dios o un diálogo con Dios; dentro de las religiones no teístas, puede definirse la oración como un estado de aspiración intensa para alcanzar el más alto estado de perfección o de plenitud, la realización de la perfecta Iluminación.

En su sentido más amplio, la oración es “una dirección del corazón” y presupone una polaridad mental o espiritual entre el hombre y Dios, o lo finito e infinito, lo individual y lo universal, lo imperfecto y lo perfecto. En el Cristianismo , Judaísmo y el Islam, el polo individual humano es conocido como el alma, el polo divino como el Creador; en el Hinduismo, son el jivatman y Brahman o Paramatman; en el Budismo, la conciencia de sí limitada y la consciencia universal potencial, que está latente en todo ser sensible.

De este modo, la oración surge de un estado de tensión creadora entre lo humano y lo divino, la consciencia de imperfección y el ideal de plenitud, de perfección, entre el estado actual de ignorancia, de ilusión y el estado futuro anhelado de liberación: el despertar de la ilusión de la separatividad, en la integralidad de la vida.

El objetivo de la oración no es eliminar esta tensión, sino transformarla en una fuerza creadora, estableciendo una cooperación armónica y significativa entre los dos polos aparentemente contradictorios, pero en realidad complementarios.

Así la oración se convierte en una fuente de fuerza y de certeza y no en solamente un sedante o un tranquilizante.

La paz interior que proviene de la oración es debida a la creación de un equilibrio entre las fuerzas de nuestra consciencia individual y las vastas potencialidades de nuestra consciencia profunda, por la cual participamos de esa vida más vasta que abarca al universo y la enlaza a cada ser viviente.

Como la oración es una “una dirección del corazón” (es decir, del centro interior de un ser humano que participa igualmente de su consciencia individual y de la consciencia supra-individual), ofrece un acceso positivo y activo al tesoro escondido de la experiencia universal.

La oración es la lámpara gracias a la cual podemos descubrir aquello que necesitamos en nuestro camino espiritual hacia la plenitud.


La oración hace a nuestra mente consciente de su interior y transforma en fuerzas activas, las fuerzas potenciales de lo profundo de sí, porque haciendo consciente lo inconsciente, transforma la simple idea de la universalidad del hombre en una experiencia viva de esa universalidad.
Nuestra mente se orienta hacia su interior a fin de tomar consciencia de su fuente universal y de utilizar su inmenso potencial en la búsqueda de su plenitud última y de la perfecta iluminación.

La oración lo llevará al encuentro de lo que busca si se desprende de los deseos egoístas.

Las experiencias de la vida y el ejemplo de aquellos que han alcanzado la perfección enseñan que, partiendo de un estado de imperfección se puede alcanzar la perfección y que los sufrimientos derivados de nuestras pasiones son justamente las fuerzas que nos conducen a la liberación.

El desenvolvimiento de la vida individual en el universo no parece tener otro objetivo que el de hacernos conscientes de nuestra propia esencia divina y, dado que este proceso ocurre continuamente, el representa un nacimiento perpetuo de lo divino, o para decirlo en términos del budismo, la aparición continua de Seres iluminados, en cada uno de los cuales la totalidad del universo deviene consciente.

Estos Iluminados son los que el Mahayana denomina “el número infinito de Budas” o, en la medida en que influyen activamente en el desenvolvimiento de la humanidad, los Bodhisattvas. Estos últimos representan las fuerzas activas que emanan de aquellos que han alcanzado el estado supremo de la consciencia, que inspiran y ayudan a todos aquellos que se esfuerzan por alcanzar la liberación.

Los Bodhisattvas surgen por el bien de todos los seres que viven y sufren.
Aunque ellos se manifiesten en innumerables formas individuales, en espíritu, no son más que uno.




Como ejemplo de la profunda devoción que impregna al aspirante, se citan algunos pasajes del “Bodhicharyavatara” de Shantideva, que describen el despertar de la luz interior, la practica del Bodhisattva en el camino a su Iluminación.

El aspirante experimenta, en la oración, la entrega total de sí mismo y la transformación interior resultante de la toma de consciencia de sus defectos y debilidades.

“No me daba cuenta que soy solamente un viajero, que pasa por este mundo.
Noche y día, sin detenerse, la vitalidad disminuye y la muerte se aproxima. Desde ahora, por lo tanto, tomo refugio en los grandes y poderosos protectores del mundo. Con las manos juntas, imploro a los Perfectos iluminados en todas las regiones del universo; puedan ellos hacer brillar la luz de la verdad, por todos aquellos que son llevados, por su ilusión, a los abismos del sufrimiento”.

El devoto se ofrece a sí mismo como “un instrumento de su paz” (puede compararse con la hermosa oración universal atribuida a Francisco de Asis):

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde hay desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga vuestra luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Oh Señor, que yo no busque tanto
ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

El aspirante renuncia a los frutos de sus buenas acciones y, en lugar de preocuparse de sí mismo, hace votos de consagrarse al bien de todos los seres vivientes.
El participará de los sufrimientos de sus semejantes, a fin de inspirarlos y ayudarlos en el camino de su liberación, en vez de reposar en el pedestal de sus propias virtudes, disfrutando del fruto de sus buenas acciones.

“Cualquier mérito que pueda haber adquirido, que pueda disminuir la pena de todos los seres vivientes. Los méritos que pueda haber adquirido en todas mis vidas sucesivas, por el pensamiento, palabra o acción, los brindo para el bien de todos los seres vivientes.
Nirvana implica renunciar a todo, y mi corazón aspira al nirvana. Si debo abandonarlo todo, ¿no es acaso mejor donarlo todo a los seres vivientes ?.
Me consagro al bien de todos los seres vivientes. Que puedan todos alcanzar la Iluminación”.

Cultivar una actitud de bondad y amor e impregnar conscientemente al mundo de pensamientos de compasión, con un corazón pleno de amor, “como una madre protege a su hijo, aunque peligre su propia vida”, es un “estado divino”.
El amor del que se habla aquí es más que la buena voluntad humanitaria.

Los otros elementos constitutivos de ese “estado divino”, que brotan naturalmente de su amor sin límites, son la compasión, la simpatía alegre, es decir, el compartir los sufrimientos y las alegrías de su prójimo, y finalmente, ese estado de ecuanimidad que no puede ser afectado ni por sus propios sufrimientos ni por sus propios éxitos.

El amor y la compasión se basan en la profunda comprensión de la unidad esencial de la vida y de las relaciones mutuas entre todos los seres sensibles.
El amor desinteresado de una madre no es el producto de una exigencia moral sino que se basa en la unidad esencial entre la madre y el niño.

Esta convicción es alimentada por las experiencias de la meditación, en la que la oración es el primer paso. Se utilizan las palabras para orientar el espíritu hacia una cierta dirección, y mientras más avanza, menos tiene necesidad de las palabras.

Al fin, la oración deviene en mantra, lenguaje creador, palabras de poder, que despiertan las fuerzas dormidas del alma; el espíritu del orante se sumerge en el océano de su conciencia profunda, donde la realidad de una vida más grande, que lo une a todos los seres vivientes y al espíritu mismo de los Seres iluminados, se revela a el por experiencia directa, más allá de las palabras y los conceptos.

La oración es un acto por el cual abrimos nuestro corazón a nuestro espíritu y cuando nos abrimos, no solo permitimos a la luz penetrar, sino que creamos la primera brecha en los muros de la prisión que nosotros mismos hemos construido y que nos ha aislado de nuestros semejantes.

En la medida en que la luz se cuela en nosotros y nos hace reconocer nuestra verdadera naturaleza universal, que nos une a todo lo que existe, dentro de la infinitud del tiempo y el espacio, nuestro amor y nuestra compasión por todos los seres que viven y sufren, brotan de nosotros como una poderosa corriente que abraza al mundo entero.

Así, la oración se convierte en un acto de devoción doble: hacia las fuerzas de la luz y hacia nuestros semejantes.
Las fuerzas de la luz no son un ideal abstracto, sino una realidad viviente, incorporada dentro de los grandes Maestros de la humanidad, que veneramos como Iluminados.

Mientras más nos colocamos intensamente en su presencia, mas ellos toman vida dentro de nuestra consciencia, más profundamente los sentimos en respuesta a su amor, en admiración de lo que hacen, en reconocimiento de su enseñanza, y más tienen ellos la capacidad de obrar en nosotros.

En lugar de simplemente adorar nuestro ideal, debemos convertirnos en nuestro ideal, identificarnos con él, a fin de poder vivirlo igualmente dentro de nuestras actividades exteriores y nuestra vida cotidiana.

Un ideal no se convierte en una fuerza activa efectiva, sino cuando es experimentado y sentido como una realidad siempre presente, como ocurre en los estados superiores de la meditación o en la visión interior.

En la meditación, el que medita no es más que uno con su ideal.


Lama Anagarika Govinda (Ernst Hoffman) (Alemania 17-5-1898 - California 14-1-1985)

Fue filósofo e integrador de oriente y occidente. Pasó gran parte de su vida, como adulto, en Sri Lanka, la India y el Tíbet. Estudió y practicó el budismo perteneciente a distintas tradiciones. Inicialmente formó parte de una orden theravada y posteriormente se convirtió en lama, siendo conocido por el trabajo que realizó, por más de veinte años, estudiando "a los pies de diferentes maestros” en ermitas y monasterios tibetanos. Fundador del movimiento budista Arya Maitreya Mándala, escribió varios libros, los cuales han sido publicados en alemán, inglés, francés, portugués, sueco, holandés y japonés. El Camino de las Nubes Blancas es su obra más conocida.

domingo, 6 de marzo de 2011

Lao Tse y el Tao

Entre las diversas corrientes y caminos espirituales no podría dejarse de mencionar, por su profundidad y trascendencia, al maestro chino Lao Tse, y su tratado sobre la virtud del Tao.
La palabra "Tao" suele traducirse al español como el camino o sendero. Pero, es fundamentalmente indefinible. Como dice Lao Tse en el primer párrafo del Tao Te King:
"El Tao que puede ser explicado no es el Tao eterno."
Lao Tse considera a la palabra Tao asociada a una realidad trascendente, anterior al Universo y al ser.




Tao


Para Lao Tse, el Tao es un vacío, un no-ser (wu) del que surge lo que es.
El primer párrafo del Tao Te King, continúa así:
“El Tao que puede ser explicado no es el Tao eterno.
Cuando no tiene nombre, es el Creador del Cielo y de la Tierra. Cuando tiene nombre, es la Madre de todas las cosas.
Estos dos aspectos son los de una misma cosa que, en su desarrollo, recibe los distintos nombres. Juntos son el Misterio, la puerta hacia la Sabiduría Suprema”. (Wolpin, S., P. 67)
El Tao se refiere a un poder que envuelve, rodea y fluye hacia todas las cosas, vivas y no vivas. Regula los procesos naturales y el balance del Universo.
El chi (término chino para energía o aliento) está asociado al Tao, porque el chi es la energía que circula en el universo, por lo que el Tao se puede expresar en el flujo del chi.




El Tao es la ley del todo. La noción del Tao expresa que lo único permanente en el universo es el cambio y que debemos aceptar esto, ser reversibles, adaptables, flexibles, para estar en armonía con el universo, con la ley del todo.
El concepto del Tao incorpora la armonía de los opuestos. Este aspecto es fundamental para comprender el pensamiento no solo de Lao Tse, sino el pensamiento chino, en general, y está asociado a la doctrina del yin (oscuridad, vacio, pasividad) y yang (luz, solidez, actividad) y su papel en la armonía universal y humana.
La doctrina del Yin y Yang expresa que nada existe en estado puro ni tampoco en absoluta quietud, sino en una continua transformación.
El cambio es el flujo constante del ser al no ser, y viceversa, de lo posible a lo real, de lo potencial a lo concreto, de lo pasivo a lo activo, y viceversa, del yin al yang.

Estas ideas suelen simbolizarse por el yin y el yang confluyendo en un círculo.




Para Lao-Tsé, el yin y yang no son entidades confrontadas, sino que sus características opuestas se complementan para conformar así la totalidad del Tao. De esta forma, los cambios naturales permiten que lo que se expresa como yin se vuelva yang, y viceversa. Esto permite el flujo natural de la energía (Chi).


Esta relatividad y cambio natural, permite la armonía, al hallar el equilibrio entre sus dos aspectos, aparentemente opuestos y complementarios.

“El Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno.
El nombre que puede nombrarse no es el nombre inmutable.


La no existencia es el principio del cielo y de la tierra.
La existencia es la madre de todo lo que hay”.
Lao Tse. Tao Te King.



Bibliografía recomendada:
Wolpin, S. (1993). Lao Tse y su tratado sobre la virtud del Tao. Buenos Aires: Kier.

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