sábado, 13 de diciembre de 2008

El Sentido de la Vida

El Sentido de la Vida
Pregunta: Vivimos, pero no sabemos por qué. Para muchísimos de nosotros, la vida parece no tener sentido alguno. ¿Puede usted decirnos cuál es el sentido y el objeto de nuestro vivir?

KRISHNAMURTI: Bueno, ¿por qué hacéis esa pregunta? ¿Por qué me pedís que os diga cuál es el sentido de la vida, el objeto de la vida? ¿Qué entendemos por vida? ¿Tiene la vida un sentido, un objeto? ¿Acaso el vivir no es en sí su propio objeto, su propio sentido? ¿Por qué queremos más?

¿Cómo estamos tan descontentos de nuestra vida, como ella es tan vacía, tan inarmónica, tan monótona� Hacer la misma cosa una y otra vez-, deseamos algo más, algo que esté más allá de lo que hacemos. Puesto que nuestra vida diaria es tan hueca, tan insípida, tan sin sentido, tan aburrida, tan intolerablemente estúpida, decimos que la vida debe tener un sentido más amplio; y es por eso que formulais esa pregunta.

No hay duda de que un hombre cuya vida es muy rica, un hombre que ve las cosas como son y está contento con lo que tiene, no está confuso; él tiene claridad, y por tanto, no pregunta cuál es el objeto de la vida. Para él, el hecho mismo de vivir es el comienzo y el fin.

Nuestra dificultad, pues, es que siendo vacía nuestra vida, deseamos hallarle un objeto y luchar por él. Tal objeto de la vida puede ser tan sólo idea, sin realidad alguna; y cuando el objeto de la vida es buscado por una mente estúpida, torpe, por un corazón vacío, ese objeto será también vacío.

Nuestro problema, por lo tanto, es cómo hacer nuestra vida rica, no de dinero y todo lo demás, sino interiormente rica, lo cual no es cosa secreta.

Cuando decís que el objeto de la vida es ser feliz, es encontrar a Dios, ese deseo de encontrar a Dios es por cierto una evasión de la vida, y vuestro Dios es simplemente una cosa conocida. Sólo podéis abriros camino hacia un objeto que conocéis; y si construís una escalera hacia eso que llamáis Dios, eso por cierto no es Dios. La realidad sólo puede comprenderse en el vivir, no en la evasión.

Cuando le buscáis un objeto a la vida, en realidad os escapáis y no comprendéis qué es la vida. La vida es relación, acción en la relación; y cuando no comprendo mis relaciones, o cuando la relación es confusa, busco un sentido más completo.

¿Por qué es tan vacía nuestra vida? ¿Por qué somos tan solitarios, tan frustrados? Porque jamás hemos mirado dentro de nosotros mismos y no nos hemos comprendido a nosotros mismos. Nunca admitimos que esta vida es todo lo que conocemos, y que por lo tanto debiera ser comprendida plena y completamente.

Preferimos huir de nosotros mismos, y es por eso que buscamos el objeto de la vida lejos de la vida de relación. Mas si empezamos a comprender la acción, -que es nuestra relación con la gente, con la propiedad, con las creencias e ideas-, entonces hallaremos que la relación trae por sí su propia recompensa.

No tenéis que buscar. Es como buscar el amor. ¿Podéis encontrar el amor buscándolo? El amor no puede ser cultivado. Sólo encontraréis el amor en la vida de relación, no fuera de ella; y es porque no tenemos amor que deseamos que la vida tenga un objeto. Cuando hay amor -que es su propia eternidad-, entonces no hay busca de Dios, porque el amor es Dios.

Es porque nuestra mente está llena de tecnicismos y supersticiosas musitaciones, que nuestra vida es tan vacía; y es por eso que buscamos un objeto más allá de nosotros mismos. Para encontrar el objeto de la vida, debemos pasar por la puerta de nosotros mismos; pero consciente o inconscientemente evitamos enfrentar las cosas como son en sí mismas, y de ese modo deseamos que Dios nos abra una puerta que esta más allá.

Esta pregunta sobre el objeto de la vida, la formula tan sólo aquel que no ama; y el amor sólo puede hallarse en la acción, que es relación.
...
“Nadie puede darles la liberación, tienen que encontrarla internamente, pero como yo la he encontrado quiero enseñarles el camino… El que ha alcanzado la liberación ha llegado a ser el Maestro, como yo mismo. Ella depende del poder de cada uno para penetrar dentro de la llama, para convertirse en la llama… Porque, estoy aquí, si me quieren llevar en el corazón, les daré la energía para alcanzarla… La liberación no es para los pocos, para los elegidos, para los selectos.” J.K. Año 1927.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Los avatares de Buda, Jesucristo y Mahona

LOS AVATARES DE BUDA, JESUCRISTO Y MAHOMA
Se entiende por avatar la encarnación terrenal de un Dios. Más estrictamente y teniendo en cuenta el origen sánscrito de la palabra, esta encarnación esta vinculada de modo esencial a un “descendimiento” en el sentido de que los dioses descienden de sus ámbitos celestiales a los terrenales para cumplir con alguna misión que ellos mismos se imponen o que les imponen dioses de categoría superior.
Dios Vishnú tiene atribuida por la religión hindú que lo venera, diez avatares. Aunque algunas interpretaciones elevan el número a más de veinte, siendo la más aceptada la de 10 descensos, de los cuales hasta la fecha se cumplieron nueve. Los tres últimos son los más conocidos en Occidente: Rama, Krishna y Buda. Es de hacer notar que los avatares de Vishnú en el Garuda Purana son los mencionados diez descensos, mientras que la lista de Bhagavata Purana contiene veintidós. Esta distinción tiene importancia porque en mayor número de avatares caben no sólo los descensos de los dioses sino también de los llamados avatares de personajes históricos, tocados por la divinidad para fundar religiones o llevar a cabo obras virtuosas en un mundo de hombres ruines en épocas concretas del devenir histórico. Buda, el Cristo y Mahoma, son tres personajes históricos que en la tradición hindú corresponderían a la categoría de iluminados y elegidos por la divinidad para transmitir mensajes sagrados.Igual interpretación se da en el Islam dado que para esta doctrina sagrada Moisés y Jesús al igual que Mahoma son iluminados por la divinidad sin alcanzar la categoría de dioses. En estos casos el descendimiento no es tal en términos cabales, salvo que se considere un descendimiento el de la iluminación divina en la medida que participa en la tarea del personaje histórico. En el sufismo se distingue con claridad la escritura de los iluminados por la divinidad (el Corán, los Evangelios, el Bhagavad Gita), y la Revelación a un iluminado por la intermediación de un ser celestial. Así, el arcángel Gabriel (Jibril en el Islam), reveló el libro sagrado a Mahoma, del mismo modo que el propio Jesús reveló su doctrina y el Espíritu Santo inspiró a los evangelistas para que redactaran lo que Jesús había revelado, ya que de los cuatro evangelistas canónicos, sólo Mateo y Juan conocieron y siguieron a Jesús. Así, pues, los dioses “revelan” y los iluminados “son inspirados”.

EL AVATAR DE BUDA
Comenzamos por Buda sin otra razón que por haber precedido históricamente a Jesús en unos 500 años. Para ubicarnos con precisión en el budismo es necesario recordar su contexto.Entre la enorme cantidad de religiones que se practican en el hinduismo, destacan tres de ellas, que son conocidas como Trimurti, que no es para nada el equivalente a la Trinidad cristiana. Este Trimurti es en realidad las tres formas de aparición de los dioses (Devas), que encierran en sí las mayores posibilidades de actividad divina, y son: Brahma, dios de la creación; Vishnú, dios de la conservación; Shiva, dios de la transformación porque destruye y reconstruye lo destruido. Aunque a todos los Devas se les atribuyen avatares, es los del dios Vishnú los que prevalecen por sobre toda otra divinidad hindú en orden a esta cuestión antropogónica. Sus avatares son los más conocidos y venerados por los hindúes. No se debe confundir lo hindú con lo indio. India es un país donde caben una gran cantidad de religiones, mientras que el hinduismo es el grupo inmenso de religiones que practican sólo los hindúes en su país, la India.Buda es el noveno avatar de Vishnú. No es un Dios; es un hombre incrustado en un momento concreto de la historia mas, es un hombre de características muy singulares y para nada corrientes. Como hombre, de él se puede decir que espiritualmente es un iluminado; por sus conocimientos, un sabio; por su vida, un santo y por la transmisión de su verdad, un maestro. Nació príncipe y como tal fue criado por su tía y su padre al morir su madre poco después del parto. Educado lejos del sufrimiento y rodeado de manifestaciones cotidianas de placer, poder y despreocupaciones, cuando entró en contacto con el sufrimiento de su pueblo y el verdadero rostro de la vida terrenal que su padre le privaba para mantenerlo impoluto, abandonó las comodidades de la vida palaciega e intentó varios caminos de redención personal por la entrega de su vida a la pobreza, humildad y hasta el hambre que le consumía las energías arrebatadas de su carne joven. Finalmente halló su destino y se entregó a la prédica y el ejemplo.En estos aspectos se puede decir que, salvo cuestiones de detalle, todos los iluminados de la historia del planeta han enseñado los mismos principios morales que se evidencian en un lugar común que consiste en hacer el bien y rechazar el mal. La cuestión radica en averiguar qué es el bien en cada una de las religiones lo que, bien visto, no parece ser algo que genere dificultad porque el bien desde un punto de vista absoluto no puede ser otra cosa que seguir sin condiciones las instrucciones que componen el desarrollo de la moral de cada religión, lo que jamás induce al daño o a la maldad. Dejando de lado los dogmas y los rituales, los principios morales constituyen lo esencial de cada religión.Se podría decir que la vida moral de Buda no difiere de la de Jesucristo, como tampoco el modo en el que se debe plantar cara a las tentaciones del Mal (llámese demonio o simplemente el Mal). Existe, sin embargo, una diferencia notoria entre lo predicado por Buda y por Jesús.Para Buda, el recto camino prepara al hombre a la experiencia de sucesivas reencarnaciones cada vez más elevadas, colmando la sed de Dios que ansía el alma humana retrayéndola para Sí. Una vida inclinada al mal, condena a su alma a una reencarnación de cualidades inferiores e incluso, en animales de gradación distinta según haya sido el modo de imperfección de esa vida. Así, no solamente se puede reencarnar en un hombre de cualidades menores (casta social inferior), sino en animales, llegando hasta la más humillante reencarnación: en un gusano, por ejemplo.Las almas puras, aquellas que luego de muchas reencarnaciones ya no pueden aspirar a más, logran acceder al Nirvana, un estado superior donde el alma pura o purificada por las sucesivas reencarnaciones, se aleja de toda agitación, que es lo que significa Nirvana. Sin ansias terrenales, sin ambiciones ni ataduras, el alma pura obtiene la fuerza natural para ascender a tales estados superiores que no es otra cosa que la fusión con el Absoluto. La base del budismo desde el punto de vista de la salvación consiste en una peregrinación del alma que transmigra de un cuerpo a otro después de cada muerte, hasta que llega un momento en que esa alma está ya en condiciones de acceder al Nirvana.La salvación del alma en el budismo se basa en la teoría de la reencarnación, que a diferencia de lo que se cree en Occidente, no está admitida por el hinduismo, salvo pequeños grupos religiosos que son considerados como heterodoxos y carecen del respaldo mayoritario del pueblo que profesa alguna de las religiones hindúes. Los expertos hinduistas así lo afirman con toda claridad. Ésta es una cuestión en la que no queremos insistir pues lo tenemos explicado en un estudio anterior “Lo que se va y lo que regresa después de la muerte” en Revista Hermética, nº 34, marzo de 2007. Allí recordamos las razones fundamentales por las que resulta intelectualmente un absurdo el sostener la teoría de la reencarnación porque lo que constituye el “atman” de cada ser humano, lo que se podría identificar con la expresión “la personalidad” de cada cual, es propia e intransferible de cada ser humano y por ello, del todo imposible que se introduzca después de la muerte de los componentes terrenales de otro cuerpo y otra psique, para que esa alma siga peregrinando de uno a otro ser. Si no hay dos seres humanos idénticos en la creación, ¿cómo se puede pensar que el alma de cada uno de tales entes pueda ocupar un sitio distinto de lo que fuera su existencia terrenal?Esta teoría, lo que viene a enseñar es que lo que cuenta no es la persona sino su componente intangible (el alma), que no le pertenece porque su destino es viajar de cuerpo en cuerpo hasta lograr las cualidades precisas para acceder al Nirvana. El ser humano, histórico y terrenal carece de toda importancia en el budismo, por constituir una herramienta de las almas que peregrinan constantemente en busca de su destino final y que hasta que acceden al Nirvana, a nadie pertenece en realidad.Tampoco es admisible la reencarnación porque supone que un ser informado como es el alma, tras la muerte asciende a estados superiores del Ser para luego descender al introducirse en otro cuerpo que acaba de nacer o en el preciso instante del nacimiento, que al fin de cuentas es lo mismo. En este sentido, lo espiritual en ascenso no puede descender. El movimiento es inverso: lo que está debajo puede ascender a un estado superior según las circunstancias mas, descender de lo superior a lo inferior es un absurdo que contraría las reglas de la sabiduría trascendental, salvo al caso de los avatares de los Devas (dioses). Y por ello mismo, la reencarnación en animales es un despropósito que violenta las normas racionales de la naturaleza. En fin, este es un asunto que ya está debidamente aclarado desde siempre por los expertos en hinduismo y no dedicaremos más tiempo en ello. Esto no quiere decir que al margen de las reprobaciones que el rigor del intelecto pueda hacer a esta teoría absurda de la reencarnación, no respetemos las creencias de quienes se afirman en ella para enderezar sus vidas y orientarlas por la senda del bien propio y el social basado en la caridad, la comprensión y la solidaridad. Lo que hicimos no llevaba otro propósito que dejar atrás algunos de los mitos occidentales de tradiciones orientales, creados a consecuencia de una deficiente información.Lo que debe saberse en Occidente es que el budismo es una más de las tantas religiones insertas en la noción de hinduismo y que curiosamente, tiene más seguidores en Occidente que en Oriente. Según parece, basa toda su atracción en el encantamiento que produce la teoría de la reencarnación. Es una religión nacida en Lumbini, una región de Nepal lindante con la India y actualmente practicada en la isla de Java, Tailandia, Laos y Camboya y grupúsculos en otros países asiáticos, con escasa propagación en la India.Se diferencia del cristianismo porque éste se sustenta en la resurrección que, según veremos más adelante, se fundamenta en principios para nada similares a la reencarnación.La otra diferencia viene dada por el destino final de las almas. El acceso al Nirvana es la fusión del alma humana con el Absoluto en la Eternidad, mientras que para los cristianos, morir en estado de gracia equivale a sobrevolar el infierno y el purgatorio para lograr una estancia provisional del alma en el cielo donde habita Dios-Padre, Dios-Hijo y Dios-Espíritu Santo, con la debida aclaración que tras la muerte, conforme al budismo, el alma humana que pasó por varios cuerpos humanos y desarrolló varias vidas, no recibe premio o castigo porque el premio o castigo lo recibe tras cada una de las muertes que padece esa alma, de suerte que una vez concluida la peregrinación, el ascenso al Nirvana como premio mayor no lo recibe el ser humano sino cada alma migratoria, sin ostentar ninguna clase de individualización, porque la personalidad de cada ser humano que contribuyó a la perfección de cada alma, no asciende al Absoluto. El ser individual, según ya lo apuntamos en líneas anteriores, no cuenta para el budismo, salvo para ser utilizado como instrumento del perfeccionamiento de las almas que buscan con afán su celestial destino final.En el cristianismo, es precisamente el alma quien obtiene premio o castigo y accede al Cielo con su personalidad que le es propia e intransferible, o al purgatorio o al infierno, según haya sido la manera de transitar por los espinosos caminos de la vida terrenal.

EL AVATAR DE JESUCRISTO
El nacimiento de Jesús en su condición de Hijo de Dios-Padre se produce a causa de una concepción de mujer virgen con la voluntad divina, similar al caso de Buda, cuya madre concibió de una divinidad, no obstante algunas versiones míticas que aseguran que concibió de un elefante blanco con seis colmillos lo que, sin duda, se trata de un simbolismo que los intérpretes exotéricos, otorgando a cada palabra de un texto sagrado un único significado semántico, obvian la interpretación esotérica que rastrea la verdad en las profundidades del símbolo. En cualquier caso, ante episodios al margen de las leyes de la naturaleza sólo cabe, en principio, optar entre la evidencia de milagros en tanto que hechos extraordinarios o la presencia de mensajes sagrados que deben ser desvelados haciendo un buen uso del método más adecuado para descifrar el mensaje simbólico del texto.El descendimiento de Jesús es para la concepción hindú un avatar de grado segundo; es decir, la de un iluminado. Para el cristianismo, obviamente, de lo que se trata es de un descendimiento de primer grado o sea, la de un Dios. Ello lleva la consecuencia de que Buda, una vez que a los ochenta años muere, debe ser enterrado como todo mortal, mientras que Jesús, siguiendo con la tradición bíblica del pueblo judío, una vez muerto es depositado en una cueva cerrada para que descienda a los infiernos y al tercer día resucite de entre los muertos según el judaísmo, creencia que adopta para sí la doctrina cristiana, según constaba en el Credo, antes de ser modificado. En el judaísmo, en el estado póstumo se abandona para siempre el mundo de los vivos y el espíritu se deja llevar por el barquero que rema sobre las aguas procelosas de la muerte hacia su destino final.La resurrección de Jesús constituye una sustancial renovación de los dogmas hebreos ya que posibilita al final de los tiempos que el alma inmortal que aguarda en el infierno, en el purgatorio o en el cielo, afronte el juicio final tras el que recuperará su cuerpo uniendo todos los componentes del ser humano que un día fue un ente terrenal. Esta promesa que se hizo realidad en Jesús y poco tiempo después a los ojos de sus discípulos, es la ilusión que siembra el cristianismo en todos sus feligreses, quienes mantienen la fe en una muerte que no acaba con todo sino que abre las puertas a una esperanza de vida eterna en el Paraíso; esa Jerusalén Celeste, prometida en los textos sagrados y de la que hablaba el profeta Ezequiel para los judíos, y el evangelista Juan para los cristianos. No es éste el momento apropiado para explicar el significado de la resurrección de Jesús en cuerpo y alma o, dicho de otro modo, el significado de ese simbolismo que es en realidad más esplendoroso que lo que explican las palabras descarnadas del texto sagrado. Pues, habría que preguntar: ¿por qué razón Jesús resucita y asciende a los cielos en cuerpo y alma, cuando a los mortales se les asegura que esa comunión de todos los componentes de una persona se llevará a cabo el día del juicio final? Tal vez consista esa respuesta en lo auténticamente esencial del dogma cristiano.La resurrección es una teoría que ofrece menos resistencia al entendimiento recto que la reencarnación, porque mantiene sin reservas la identidad de cada ser humano a través de la perdurabilidad del alma que espera la resurrección del que fue su cuerpo. Porque lo que resucita no es el alma que es inmortal y por lo tanto indestructible, sino que es el cuerpo corrompible el que es premiado con la resurrección a la hora del advenimiento del Paráclito. A diferencia de la reencarnación, la resurrección se aleja del absurdo de un alma peregrina que retorna desde los estados superiores del ser a los estados inferiores, con la misión cosmogónica de completar su perfeccionamiento que la conduzca rectamente al Nirvarna.Otro aspecto a destacar es que la resurrección no rebaja las cualidades del alma haciéndola retornar de los estados superiores a los inferiores del ser, porque es una entidad espiritual que se mantiene aquietada en la indiferenciación, a la espera de ese juicio final que la situará definitivamente en su destino eterno que es el Paraíso para las que merecen premio o la condenación eterna para las almas depravadas. No hay, pues, contradicción alguna en las notas esenciales de la teoría de la resurrección, desde el punto de vista de las exigencias metafísicas.Finalmente, la misión de Buda no fue la de salvar almas, porque en el budismo esa es una tarea propiamente personal; de ahí que la tarea del Buda Gautama (en sánscrito) o Gotama (en pali), fue y sigue siendo la de encender en las almas de los hombres la necesidad de buscar por medio de la meditación una aproximación al Absoluto, dando consejos e instrucciones de cómo hacerlo. Cada cual ha de tratar, dentro de sus posibilidades espirituales y devoción, el logro del dominio de la filosofía del despertar, que es la consecución en plena vida, de la fusión del alma con el Absoluto para ser Uno con Él. Logrado este propósito, ese ser humano recorre a su muerte el sendero del humo hacia los ámbitos celestiales, penetrando al Nirvana, carente su alma de agitaciones y deseos mundanales. La misión de Jesucristo fue otra muy distinta, pues consistió en redimir a los pecadores predicando una moral que les posibilite entrar al reino de los cielos. Sólo un Dios puede tanto, lo que a Buda le estaba vedado por su sola condición de iluminado.A fin de cuentas, ambas religiones tienen en común ese estado de fusión del alma de los mortales con el Absoluto o Dios. En la metafísica hindú no es extraño hallar esta aseveración. Tampoco en el cristianismo, aunque en menor medida. San Pablo, verdadero creador de la doctrina sagrada llamada cristianismo, explica en Corintios I, 6, 17 que quien está unido con el Señor, es con Él un mismo espíritu.Debemos aclarar que la metafísica hindú, que impregna a todas las religiones del hinduismo incluyendo a la heterodoxia budista, está asentada en el movimiento cíclico de los tiempos históricos, lo que no cabe en una doctrina como el cristianismo (tampoco en el judaísmo y el islamismo) que al basar la salvación de las almas en la redención y someterlas a un juicio final, el tiempo histórico ha de tener un principio (la creación) y una conclusión (el juicio final) con el advenimiento del Paráclito, de lo que resulta que en estas doctrinas sagradas el tiempo histórico no es cíclico sino lineal.

EL AVATAR DE MAHOMA
El profeta Mahoma fue un iluminado por la divinidad para recibir por mediación del arcángel Jabril la palabra sagrada recogida en un solo texto con el nombre de Corán. Su misión, no obstante, no concluyó con este importante episodio pues para consolidar la fe islámica fue preciso combatir con la palabra y la cimitarra contra los infieles.A propósito de ello, conviene recordar algo que los que están fuera del Islam e incluso algunos islamistas por necesidades políticas suelen encubrir y es que el Profeta dijo un día al regresar de un batalla contra los infieles: “Volvemos de la pequeña Guerra Santa a la Gran Guerra Santa”. Y cuando le preguntaron cuál es la Gran Guerra Santa, respondió: “La guerra contra el alma”. La guerra contra los infieles no es más que episodios bélicos necesarios, cubiertos de virtud por la condición previa de ser provocados por el infiel; sólo en ese caso debe el musulmán responder a la violencia con violencia, y como es una cuestión de hecho, son los imanes, ayatolahs y mulás quienes están encargados de determinar cuándo se ha producido una provocación, lo que convierte a la explicación del Profeta en una serie constante de confusiones. Lo que resulta inalterable es que la Jihad islámica es pequeña si se trata de combatir al infiel, y es la Gran Jihad cuando se combate el alma, es decir, la guerra interna que se produce en el alma de todo musulmán combatiendo contra los elementos no musulmanes que pueden aparecer en su corazón turbando las esencias de la sumisión a Allah.También es debido a Mahoma el consagrar de modo incontrastable la cabeza del Islam en la persona de Ismael, primogénito del Patriarca Abraham y su esclava egipia de nombre Agar. Nacido trece años más tarde el hijo legítimo de Abraham y Sarah, a quien llamaron Isaac, a instancias de Sarah que temía por el futuro de su hijo y la sucesión, logró que Abraham desterrara a Agar y a su hijo Ismael, quienes vagaron por el desierto siendo finalmente asistidos por la gracia de Dios, quien prometió a Ismael lo mismo que a Isaac; esto es, que su simiente se propagaría tanto como los granos de arena del desierto, forjando una gran nación (Génesis, 21, 8-21). Isaac es por lo tanto, la fuente del judaísmo, mientras que Ismael lo es del islamismo. Lo que no podrán esconder jamás es que los unos y los otros son miembros de una misma raza, la semita y sus rasgos en líneas generales son semejantes: piel oscura sensiblemente aceitunada, ojos oscuros y vivaces, pelo ensortijado y renegrido, no muy altos y circuncidados, dado que Ismael fue bautizado con los cánones judíos a los trece años, cuando se forjó la nueva alianza entre el pueblo judío en la persona de Abraham, y El Innombrable.Mahoma como Profeta que fue, murió como mueren todos los seres terrenales y fue enterrado, no sin antes dejar descendencia, que terminó encarada contra sí misma al punto de producir un cisma insoluble dando paso a dos grades corrientes: la de los suníes (dominada por las jerarquías sacerdotales) y la de los chiíes, seguidores de Alí, el yerno de Mahoma. Como es de rigor, con el tiempo surgieron divisiones y subdivisiones, aunque ninguna tan importante como las dos primeras.El avatar de Mahoma ha servido para reunir en su seno a una inmensa mayoría de desprotegidos de la Tierra. Con excepción de sus líderes religiosos y políticos que se adueñaron de las materias primas de la tierra que pisan, el pueblo auténticamente musulmán sigue sumido en la pobreza y con un fervor religioso cada día mayor.Tiene el Islam el privilegio de ser la religión basada en la última Revelación divina a través de Jabril, el intérprete del pensamiento de Allah, quien tradujo la Revelación al “lenguaje de los pájaros”, llamado también “lenguaje celestial”. Así surgió el Corán, libro sagrado donde los haya, que habiendo sido revelado después de la Torah judía y el Evangelio cristiano (los cuatro son en realidad uno solo), se ha servido de esas dos revelaciones anteriores para unificar la palabra de Dios Uno, en el contexto de una Única Sabiduría, lo que el libro sagrado del Islam lo explica con bellísimas palabras: “Hemos dado a cada cual una ley y una norma. Si Dios hubiese querido habría hecho de vosotros una sola comunidad. Pero, ha querido probaros con el don que os ha hecho. Intentad superaros unos a otros en buenas acciones. Para todos el retorno será hacia Dios. Él os aclarará entonces, la causa de vuestras divergencias” (Corán V, .El Islam como el cristianismo se afirman en la resurrección; unos hablan de los jardines de Allah y otros del Paraíso celestial (la Jerusalén Celeste). Como quiera que se trata prácticamente de lo mismo, se apartan de la tradición hindú rechazando toda idea de colectivismo para consagrar la fuerza cosmogónica de cada ente superior de la creación; esto es, el hombre, en el que el alma es un leve rostro de la Eternidad, que se evidencia con el dogma de la reunión de lo terrenal con lo celestial, de lo histórico con lo inmortal y, en palabras académicas, de lo físico con lo metafísico.El arcángel Jabril le dicta a Mahoma el Corán, y puede recibir estas palabras porque es un iluminado que conoce el lenguaje de los pájaros. Debe luchar contra los infieles en defensa de esta doctrina sagrada. Jesucristo revela con su voz su doctrina, y es puesta a conocimiento de toda la gente mediante los inspirados evangelistas. Jesús no libra batalla como Mahoma; su “batalla” es desafiar a Roma y al Sanedrín para terminar crucificado. Buda, muy al estilo hindú, pregona el bien y enseña como iluminado que es, la doctrina íntima del despertar, para salvación de las almas reencarnables.

viernes, 14 de noviembre de 2008

San Francisco de Asis


Nacimiento (enero-febrero 1182)
Francisco nació en Asís, ciudad umbra del centro de Italia, en ausencia del padre, Pedro de Bernardone, rico importador de tejidos franceses de calidad, que luego vendía en los mercados de la región. Su madre, madonna Pica, lo bautizó con el nombre de Juan, pero su padre, al volver, empezó a llamarlo "Francesco" (francés). El mísmo día de su nacimiento un peregrino llamó a la puerta de
su casa y recibió de Pica una generosa limosna. Entonces él, agradecido, bendijo al pequeño, anunciando que sería uno de los hombres más buenos del mundo.
Educación y carácter (1196-1198)
El niño recibió de su madre una buena educación. Fue a la escuela de su parroquia, San Jorge, y a los 14 años empezó a trabajar en
la tienda del padre, demostrando ser un hábil comerciante. El estudio grafológico de su escritura nos revela a un hombre con alma de artista, creativo, voluntarioso, altruista al máximo y con tendencia a imponerse sobre los demás. Los biógrafos lo describen como un joven alegre y expansivo por naturaleza, con talla de líder entre los amigos. Tenía buenos sentimientos y, más que generoso, era derrochador, y muy vanidoso. Le gustaban las canciones de moda y vestir a la última. Él mismo se diseñaba la ropa. La madre, recordando tal vez las palabras del peregrino, salía al paso de los comentarios de las vecinas diciendo: "algún día lo veréis hijo de Dios". Un hombre muy simple de Asís, que al parecer presenció también la escena del peregrino-, a veces extendía la capa a su paso, anunciándole gloria y proezas.

Prisión y enfermedad de un joven soñador (1198-1204)
Asís, perteneciente desde hacía siglos al ducado longobardo de Espoleto, en 1198 pasó a depender del papa Inocencio III, ocasión que los asisanos aprovecharon para proclamar un régimen autónomo, el Comune o Comunidad, destruyendo la fortaleza de la Roca, símbolo del poder imperial, y las casas-torres de los señores feudales, y reconstruyendo de prisa las murallas de la ciudad.

Los nobles que no aceptaron el nuevo régimen tuvieron que emigrar a la cercana Perusa, secular enemiga de Asís. Entre ellos iba la familia de Clara de Favarone, que tenía apenas 8 años, mientras Francisco, con 19, se alistaba en el ejército asisano para defender los límites entre ambas ciudades. En noviembre de 1201 el ejército asisano fue derrotado en Ponte San Giovanni, junto a Collestrada, y Francisco permaneció un año prisionero en Perusa, antes de que un acuerdo de paz le permitiera regresar a su casa. Mas no por eso se desanimaba. A los compañeros de prisión, que le reprochaban su incurable optimismo, les replicaba: "Algún día me veréis honrados por el mundo entero".

Al volver de Perusa cayó gravemente enfermo. Cuando pudo levantarse y dar los primeros pasos con ayuda de un bastón, se asomó con ansia a contemplar la inmensa llanura asisana, pero notó con asombro que las cosas ya no eran como antes. Estaba madurando.

El sueño de las armas y la voz de Espoleto (verano, 1205)
El 15 de junio moria en Salerno el conde Juan de Brienne, luchando por los intereses del Papa y del pequeño emperador Federico II, que su padre Enrique VI había encomendado al pontífice antes de morir. Su lugar fue ocupado por el conde de Lecce Gentil de la Paleara, que combatía en Puglia. Éste buscó enseguida refuerzos en el valle de Espoleto, y un noble de Asís quiso responder con un pequeño contingente, al que Francisco quería agregarse. Convencido de que llegaría a ser un gran príncipe, estaba dispuesto a todo.

Una noche soñó con un palacio lleno de riquezas, armas y trofeos de guerra y una bella esposa. Una voz le decía que todo sería suyo y de su ejército, si luchaba bajo el estandarte de la cruz. Tomándolo como un presagio, contrató un escudero y se encaminó hacia la Puglia, mas, al llegar a Espoleto, la voz le salió al paso de nuevo: "¿A dónde vas, Francisco?", le decía; y él, comprendiendo por fin quién era el que le hablaba, respondió: ¿Señor, qué quieres que haga?". La respuesta fue: "Vuelve a Asís, porque el sueño tienes que interpretarlo de otro modo. Yo te diré lo que tienes que hacer".

Una dulzura interior (verano-otoño, 1205)
Francisco ya no era el mismo. Seguía haciendo vida normal, pero algo lo atraía interiormente. Un día sus amigos lo nombraron, "jefe de cuadrilla". Según costumbre debía pagarles un banquete. Lo nombraban a él casi siempre, porque sabían que no reparaba en gastos. Pero esa noche, cuando, comidos y bebidos, recorrían cantando las calles y plazas de la ciudad, algo lo dejó absorto y clavado en el sitio. Los compañeros. se asustaron al verlo tan inmóvil. Cuando volvió en sí, alguno dijo, bromeando: "¿En qué pensabas Francisco? ¿En casarte?"; a lo que él replicó, con tono misterioso: "Sí, con la mujer más hermosa que os podáis imaginar". Arrebatos de este tipo se le repetirán en más ocasiones.

Interés por los pobres (verano-otoño, 1205)
Francisco, siempre generoso con los pobres, ahora lo era mucho más. Un día despidió de la tienda a un mendigo con malos modos, pero enseguida se dijo: "Si te hubiese pedido algo en nombre de un gran señor se lo habrías dado. ¡Cuánto más deberías darle, si te lo pidió en el nombre del Señor de señores!" Y se comprometió a no negar nunca más una limosna a quien se la pidiera por el amor de Dios. Si no llevaba dinero, les daba el cinto, la gorra o la camisa. En casa, a la hora de comer, cortaba más pan del necesario, con la esperanza de que algún pobre llamara a la puerta para darle un trozo. La madre lo observaba y meditaba en silencio ese cambio tan repentino, sabiendo que antes sólo vivía pendiente de que los amigos vinieran a buscarlo, para irse con ellos. Y no eran sólo los pobres, también le atraía la pobreza. En cierta ocasión peregrinó a Roma y, después de echar una generosa limosna en el cepillo del altar de San Pedro, cambió sus ropas por las de un pordiosero y se puso pedir en francés -que no lo dominaba bien- tal vez para pasar inadvertido.

Busca lugares solitarios para orar (verano-otoño, 1205)
En sus ratos libres se retiraba a orar en lugares solitarios. A veces iba a una cueva o "cripta" que, según la tradición, estaba en las inmediaciones de la iglesia de Santa María la Mayor o del Obispado, no lejos de su casa. Al amigo que lo acompañaba le explicaba, con mucho misterio, que había descubierto un tesoro, en alusión, sin duda, al tesoro escondido del reino por el cual, según la parábola de Jesús, un rico comerciante es capaz de venderlo todo. Allí, en lo secreto, oraba con ansia, pidiendo al Señor le revelase su voluntad, pero también tuvo que hacer frente a sus propios miedos, ya que temía que por ese camino podría terminar igual que una pobre paisana suya, horriblemente deforme. Sería lo peor que podría ocurrirle a un joven como él, sensible, delicado, cuidadoso de su imagen y amante de todo lo bello.

Encuentro con el leproso (otoño, 1205)
Lo que más le repugnaba a Francisco era ver leprosos. No los soportaba ni de lejos; pero un día le reveló el Señor que, si quería conocer su voluntad, tenía que cambiar, hasta el punto que lo amargo se le volviera dulce y lo dulce amargo. Al día siguiente se le cruzó un leproso en el camino, y quiso hacer la prueba: bajó del caballo, le besó la mano y le dio una limosna. Tuvo que hacer un terrible esfuerzo, mas luego experimentó tal dulzura, que desde entonces empezó a frecuentar la leprosería, para dar limosna a los enfermos y curar sus llagas purulentas.

San Damián: "Repara mi Iglesia" (noviembre-diciembre, 1205)
Un día salió a dar un paseo y entró a rezar en la vieja iglesia de San Damián, fuera de Asís. Y, mientras rezaba delante del Crucifijo puesto sobre el altar, tuvo una visión de Cristo crucificado que le traspasó el corazón, hasta el punto de que ya no podía traer a la memoria la pasión del Señor sin que se le saltaran las lágrimas. Y sintió que el Señor le decía: "Francisco, repara mi iglesia; ¿no ves que se hunde?".

El Señor se refería a la Iglesia de los creyentes, amenazada, como siempre, por mil peligros, mas él entendió que se refería a San Damián y, como era rico, pensó que era cuestión de dinero. Se fue a la tienda de su padre, cargó el caballo con las mejores telas y se fue a venderlas al mercado de Foliño. Al regreso entregó el dinero a messer Pedro, el cura de San Damián, más éste no quiso aceptar, temiendo que fuese una burla, y por miedo a sus padres. Entonces Francisco decidió quedarse allí, y reparar él personalmente la iglesia y ayudar a los pobres, según sus planes.

Renuncia a todos sus bienes (invierno, 1205-1206)
La brusca reacción de Pietro Bernardoni al saber lo ocurrido obligó al hijo a permanecer escondido más de un mes en un sótano, atendido en secreto por alguien de su casa. Allí lloraba y rezaba, pidiendo al Señor verse libre de las iras del padre; hasta que, un día, experimentó tal dulzura, que no dudó en salir a la luz y exponerse a las burlas de sus paisanos, que lo tomaban por loco, y a la violenta furia del padre, que lo encerró sin contemplaciones en un cuarto oscuro de su casa. Pero la madre, viendo que nada podía hacer entrar en razón a Francisco, aprovechó una de las ausencias del marido para dejarlo libre. Cuando el padre regresó, viendo que no sólo se mantenía en su propósito, sino que además le hacía frente, lo denunció a los cónsules de la ciudad, con intención de desheredarlo y desterrarlo; mas Francisco se negó a comparecer, alegando su propósito de consagrarse al Señor. Entonces Pedro Bernardoni trasladó la denuncia al obispo y éste citó a ambos a juicio y logró convencer al hijo para que devolviera el dinero, animándolo a comportarse como un hombre y a confiar en el Señor, que ya le daría los medios para reparar la iglesia. Dicho y hecho: Francisco entró en la antecámara del obispo, se quitó toda la ropa, la dobló cuidadosamente y puso encima el dinero; luego salió fuera y, ante el asombro de todos, devolvió todo a su padre, diciendo: "Ya no diré más padre mío Pedro de Bernardone, sino, solamente, Padre nuestro que estás en los cielos".

El obispo, que lo había cubierto inmediatamente con su capa, pues era pleno invierno, trataba de descifrar el significado de todo aquello, que no era sino la consagración improvisada y atípica de un penitente. Poco después le dejaron la túnica corta del hortelano del obispado, y así, desnudo, como explica San Buenaventura, se dispuso a seguir a Cristo pobre y desnudo, en una nueva vida radicalmente distinta a la anterior. El padre se marchó furioso a su casa, dejando al hijo sin nada y a los testigos de la escena indignados y llorando de compasión. No se sabe cuando murió, pero es seguro que fue antes de mayo de 1215, fecha en que al hermano de Francisco, en un acto notarial, lo llaman Ángel "de Pica", y no "de Pedro Bernardoni".

Sai Baba

"Yo he venido a encender la lámpara del Amor en vuestros corazones, para ver que ella brille día a día con más esplendor. No he venido en beneficio de ninguna religión exclusiva. No he venido en ninguna misión de publicidad para cualquier sector o credo o causa; ni he venido a reunir seguidores para doctrina alguna. No tengo planes para atraer discípulos o devotos hacia mi rebaño o hacia algún otro rebaño. He venido a hablarles sobre esta fe unitaria, este principio espiritual, este camino de Amor, esta virtud de Amor, este deber de Amor, esta obligación de Amar."

Sathya Sai Baba
Sathya Sai Baba es un líder espiritual altamente reverenciado y maestro mundial, cuya vida y mensaje están inspirando a millones de personas a través del mundo para que se tornen hacia Dios y para que lleven vidas más llenas de propósito y de moralidad. Sus enseñanzas universales y sin tiempo, unidas a la manera en que él guía su propia vida, están atrayendo a buscadores de la Verdad de todas las religiones del mundo. Sin embargo, él no está buscando iniciar una nueva religión. Ni desea dirigir a sus seguidores a ninguna religión particular. Antes bien, nos urge a continuar en la religión de nuestra elección y/o en la cual nos han educado.

Sathya Sai Baba nació en Puttaparthi, India, un 23 de noviembre de 1926 y declaró públicamente su misión en 1940, a la edad de 14 años. Desde entonces, ha exhibido diariamente en términos prácticos y concretos los más altos ideales de verdad, conducta recta, paz, amor y no violencia. Ha declarado a menudo, "Mi vida es mi mensaje". Cada día, cientos de peregrinos hacen su camino hacia la pequeña aldea en el sur de la India donde se encuentra el ashram (centro espiritual) de Sathya Sai Baba. No sólo provienen de India sino también virtualmente de cada país del mundo. A través de los años, los seguidores se han organizado para fomentar la construcción de una variedad de edificios y comodidades para albergar y recibir al siempre creciente número de visitantes. El nombre del ashram de Sathya Sai Baba es Prasanthi Nilayam, que significa "morada de la paz suprema".

Sathya Sai Baba interactúa con toda la gente en una relación de corazón a corazón. No hay intermediarios entre él y aquellos que anhelan conocer y experimentar a Dios. Cada día durante más de 50 años, Sathya Sai Baba camina entre los peregrinos espirituales que se reúnen alrededor de él en número creciente, y habla con ellos. El ofrece solaz e inspiración a todos los sinceros buscadores de la verdad.

Educación:
Sathya Sai Baba confiere gran importancia a una apropiada educación para los jóvenes. Los padres y líderes de la comunidad son urgidos a preocuparse por las experiencias tanto formales como informales a las cuales sus niños y jóvenes son expuestos.
Ha establecido un sistema educativo modelo, que incluye escuelas primarias, secundarias, y una acreditada universidad con tres campus, que ofrece títulos pre-graduatorios, Maestrías y Doctorados. Los estudiantes no deben pagar por esta educación, y la admisión está abierta a todos, sin importar raza, religión o condición económica.

Además de enfatizar el objetivo de una excelencia académica, el sistema Sathya Sai Baba de "educación integral" está diseñado para fomentar la auto-disciplina y una conducta proclive a lo social. Se requiere a los estudiantes el tomar cursos de moralidad y espiritualidad y dedicar varias horas cada semana a alguna forma de servicio comunitario. Sathya Sai Baba dice que "el fin de la educación es el carácter".

Salud:
Sathya Sai Baba ha construido un hospital ultra-moderno con 300 camas cerca de la universidad y el ashram. Allí se realizan rutinariamente operaciones altamente especializadas, incluyendo aquellas a corazón abierto y transplantes de riñón. El paciente es atendido en forma absolutamente gratuita tanto por los servicios profesionales como hospitalarios. Motivados por el deseo de servir a la humanidad, doctores, enfermeras y trabajadores del hospital prestan un cuidado extraordinario, compasivo y amoroso a todos los pacientes.

Servicio a los necesitados:

Recientemente, Sathya Sai Baba inició un proyecto para proveer un adecuado suministro de agua pura a 1.5 millones de habitantes del Estado de Andra Pradesh (India) que vivían en condiciones de enorme sequía. El Primer Ministro de India viajó a Prashanti Nilayam (el ashram de Sathya Sai Baba) para inaugurar el proyecto. Sathya Sai Baba demuestra que es deber de la sociedad el asegurar que todas las personas tengan acceso a los requerimientos básicos para sustentar la vida humana.
Sathya Sai Baba ha dado su vida, desinteresada y magnánimamente, al servicio de la humanidad.


"Hay una sola religión, la religión del amor;
hay una sola casta, la casta de la humanidad;
hay un solo lenguaje, el lenguaje del corazón;
hay un solo Dios, y es Omnipresente"